En busca de la soberanía alimentaria
Hay un problema serio en lo que la gente común no suele caer, y es uno de los más serios actuales, la superpoblación, acentuada por la crisis energética y de insostenibilidad derivada del pico de la producción petrolífera. Hace muy poco que hemos superado los 7.000 millones de habitantes y la capacidad de carga de la tierra tiene un límite. Tener hijos para una persona del mundo occidental es un beneficio sentimental enorme pero para una persona del tercer mundo, además de este beneficio, está la riqueza que simboliza tener un hijo, es mano de obra para ayudar a la familia o a la comunidad, puede llegar a estudiar y sacar a su familia de la pobreza, etc.. pero como la tasa de mortalidad infantil es tan alta no se arriesgan a tener uno, tienen varios, con lo cual la población se dispara en zonas con recursos muy limitados. La hambruna del cuerno de áfrica tiene relación con la sequía pero es que la situación allí varía poco, es decir, sufren estas condiciones siempre y si los medios no lo dicen es que no pasa ¿no?, pues pasa, en África y en más partes del mundo.
¿Es de extrañar que los dirigentes del mundo occidental, a sabiendas de la próxima escasez de energía y en consecuencia de producción de alimentos, dejen que la gente que tiene menos muera sin más? No es de extrañar en absoluto, por eso las medidas son tan tibias, por eso no hacen mucho por acabar con la pobreza y no quieren equilibrar la balanza, esto es una guerra entre ricos y pobres y de momento ganan los ricos, nosotros. El sistema que perpetúa en la pobreza a dos tercios de la población mundial parece mostrarse como intocable y ningún (repito: ningún) partido político lo pone en cuestión. Solo en el primer semestre de este año hay, según el Banco Mundial, 47 millones más de pobres en el mundo debido al “encarecimiento de los alimentos”, pero el sistema no se pone en cuestión.
Si repartiéramos aunque fuera un poco de lo que tenemos con ellos se acabarían muchos de los problemas de superpoblación o hambruna que padecemos actualmente, pero claro, nuestra situación es similar a la del hombre adinerado que llega a su trabajo en un cochazo, baja directamente al parking y de ahí sube a su oficina en ascensor, no se cruza jamás con alguien de la calle que está pidiendo sentado en la acera, y nunca le da parte de lo mucho que tiene, pues lo mismo nos pasa a nosotros, ojos que no ven corazón que no siente. Yo empiezo a estar harto de esto.
Este breve reportaje de 20 minutos es un toque de atención a nuestro sentido común, ya sabemos que el capitalismo y sus corporaciones son de por sí a estas alturas un problema más que una solución, esta fórmula ya nos daña más que nos ayuda, concentra el dinero y el poder en pocas personas, descompensa el mundo, lo contamina y ya va sin control, sin nadie que lo pueda parar puesto que el poder lo tiene el mercado, y el mercado quiere sobre todas las cosas el beneficio a cualquier precio. Esto pasará así hasta que todo reviente, o lo frenemos nosotros antes si es posible.
Equilibremos las cosas, pongamos de nuestra parte porque entre todos sí podemos conseguir grandes cosas.
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